Los Farallones del Citará son mi línea de cielo, lo han sido desde mi niñez y lo son todavía; no tengo otra, o no me interesa otra; este borde de montaña mordida por un pez gigante que vino desde el Océano Pacífico es mi horizonte, mi lejanía rural iluminada en arreboles. Cuando digo esperanza los recuerdo, con esperanza los busco.
Los Farallones del Citará en Betania y Ciudad Bolívar suroeste Antioqueño, mi línea de cielo, están conmigo desde la infancia en la vereda Llanadas Abajo, Sonsón oriente antioqueño, donde nací y me criaron, en las vertientes del río Aures, justo al frente de La Casita Blanca donde vivió Julia el amor de don Gregorio Gutiérrez. Desde allí, muy cerca a los encuentros entre los ríos Aures y Tasajo, se ve al occidente, en medio de la canoa que forma la cuenca del río Arma, mi línea de cielo. Todos los atardeceres de mi niñez se fueron detrás de esta montaña. Hasta mi adolescencia creí firmemente que allí terminaba el mundo, me parecía lógico pensar que el mundo termina donde se va el día. Luego entendí que detrás de mi línea de cielo está el Chocó, que el mundo sigue hacia el occidente, hacia el Pacífico desde donde vino el gran pez que mordió mi paisaje preferido, más arriba de los 3000 metros sobre el nivel del mar.

Farrallones

Recientemente que he estado caminando las tierras del suroeste, próximas a mi línea de cielo, me obsesiono mirando hacia el oriente buscando el Páramo de Sonsón, el Morro de La Vieja donde nace el río Tasajo, buscando entre los pliegues de las montañas mi Llanadas Abajo desde donde vi por primera vez Los Farallones. Me emociona imaginar que la línea de cielo de los que viven allí, es el alto desde donde yo les he mirado, que desde donde yo vi ir los atardeceres, ellos ven venir el día. Creo razonable que los niños de allí piensen que el mundo empieza donde sale el sol, en el Páramo de Sonsón más arriba de los 3000 metros.

Cuando pasé por Sagres en Portugal, en la esquinita al sur donde la fuerza del Océano Atlántico ha formado acantilados altísimos, miré desde allí hacia el occidente, mar adentro, hacia la línea de cielo perfectamente horizontal, y quise ver mi línea de cielo montañosa. En el centro de Medellín, en el parque de Sabaneta, donde la línea de cielo son los edificios, extraño el horizonte de montañas. En la ciudad ya no me siento capaz de vivir en un lugar desde donde no vea línea de cielo de montañas, lo he hecho dos veces y he estado a punto de reventar. Algunas mañanas y tardes he visto los Farallones del Citará desde la vía Las Palmas y me alegro, los busco camino a Sonsón desde La Morelia, Ventiaderos; busco su atardecer en el vuelo de las 5 de Bogotá al Olaya Herrera.

Ir a conocer hacia el occidente de mi línea de cielo lo tengo pendiente, lo voy a hacer. Es perfectamente claro para mí que allí también empieza el mundo, que el Chocó existe; desde allí podré ver mi línea de cielo al oriente anunciando el día.

OPINIÓN: Nelson Restrepo

Foto: Cortesía