nelson-restrepo

Ni las Farc-Ep, ni Santos, ni la comunidad internacional, ni los del sí, contamos con el odio que algunas personas han cultivado hacia las guerrillas durante más de 50 años. Los únicos que lo tuvieron en cuenta, que decidieron avivarlo y usarlo para ganar una campaña política, fue el Centro Democrático.

El odio que alguna gente le tiene a las Farc y al Eln, esperan que sea saciado con justicia, con la justicia tradicional y ordinaria, es decir con la cárcel, y por ello un grueso de ciudadanos no aceptan que los cabecillas de las Farc y el Eln no pasen un solo día tras las rejas; no aceptan las experiencias internacionales de salidas negociadas sin cárcel con rejas para los altos mandos. Y también el odio que alguna gente tiene a las guerrillas, se expresa en deseo de muerte, aniquilamiento, fusilamiento, exterminio o una muerte lenta tras las rejas para “que se pudran en la cárcel”. “No se las perdonan”, quieren venganza y no justicia.

Cómo se entiende que en un país como Colombia (donde la impunidad supera el 90% de los delitos, donde los grandes criminales nunca fueron capturados ni procesados, donde los corruptos aliados con criminales son premiados con votos), un número importante de personas reclamen la cárcel como expresión de justicia? Cómo se entiende que estas personas pidan prisión si saben que la cárcel en este país no resocializa, hace más delincuente a los delincuentes que se las aprenden todas al lado de los delincuentes masters? Hay en estas expresiones de deseo de cárcel, un sentimiento genuino y auténtico de justicia? No creo. En estas personas hay más deseo de venganza hacia los guerrilleros y poco interés en que se resocialicen. Si en Colombia existiera legalmente la pena de muerte, estos que odian la estarían pidiendo como expresión de justicia, porque quieren “acabar con la plaga” y no el cambio de las personas.

La justicia más efectiva en Colombia ha sido la violencia, la justicia por mano propia, la muerte del enemigo, del contradictor. La pena de muerte que algunos han dicho “existe y se debería legalizar”.  En Colombia “el que la hace la paga” con la muerte, no con la cárcel. Incluso muchos piensan y dicen que a los ladrones  deberían matarlos y no meterlos a la cárcel “porque salen a hacer lo mismo”; proponen “acabar el mal de raíz” con el asesinato y no con penas privativas de la libertad. Este pensamiento y obra, es el que ha cultivado la autodefensa y los escuadrones de la muerte, como solución contraguerrillera, como estrategia de limpieza social. Por eso creo que cuando algunos dicen cárcel, realmente dicen muerte.

Este sentimiento de odio es tan fuerte e inamovible en algunas personas, que si fuera por ellas, usarían las herramientas de Hitler para exterminar a sus enemigos. No contemplan y rechazan las herramientas alternativas de justicia para resolver los problemas, e incluso algunos estarían de acuerdo en usar delitos de lesa humanidad para acabar con quienes también cometieron estos delitos. Aprueban el “ojo por ojo”, la venganza justiciera, no se les da nada la repetición, el escalamiento de la violencia; se sentirían reparados con la masacre de sus enemigos.

Este odio es la principal amenaza a la paz duradera y sostenible, hay que contar con él y atenderlo en forma civilizada; está metido en muchas “personas de bien” que no les importa que la guerra siga. Es un odio que no se puede combatir con armas y requiere una increíble cantidad de transformaciones subjetivas que nadie puede dirigir masivamente, que como el perdón, no se puede decretar. Este odio es el principal ingrediente de la polarización, es el principal vehículo para agitar rabias, estigmatizaciones y señalamientos, la principal herramienta para hacer campañas políticas.

Este odio es un freno a los cambios civilizatorios que busca la salida negociada al conflicto armado interno, es una cárcel en la que viven los que odian a muerte. De allí la necesidad de reconocerlo y tomarlo en serio, de allí el reto de trabajar con los que odian para ayudar a liberarlos de sus cárceles odio.

Por: Nelson Enrique Restrepo Ramírez