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¿A quiénes invocamos los que respaldamos la salida negociada al conflicto armado entre las Farc – Ep y el Gobierno de Colombia? Quienes votamos SÍ al viejo acuerdo y volveríamos a votar SÍ al nuevo, por ser el resultado de un acuerdo negociado entre las partes y no el resultado de la guerra, ¿a quién invocamos. Al pueblo?

No sé, el pueblo que votó por el No el 2 de octubre, volvería a hacerlo, porque no le perdonan ni media a las Farc, por odio o por mentiras y son la mayoría de quienes ejercemos el voto.  Incluso, los que votamos por el SI no estamos libres de que la mayoría del pueblo que vota, niegue en refrendación, ya no los acuerdos, sino las leyes y actos legislativos que apruebe el Congreso para implementar los acuerdos, tal y como lo propone la magistrada de la Corte Constitucional.

A Uribe y al Centro Democrático? No, a ellos no les sirve ningún acuerdo, dicen justicia queriendo decir muerte al enemigo, representan a la mayoría de los que votaron No, y ahora que ganaron están pidiendo refrendación popular a través de un referendo. A Uribe y el Centro Democrático les interesa el exterminio o la rendición de sus enemigos, se oponen con toda su fuerza a que a través de acuerdos se resuelva el conflicto agrario; no permiten que las voces de izquierda, socialistas o comunistas, gays u homosexuales, se expresen en Colombia, no conciben si quiera que puedan existir; quieren que los jueces colombianos estén a cargo de la justicia especial de paz, para que la verdad sobre el conflicto armado no salga a la luz pública, se quieren beneficiar del sistema judicial colombiano que, por ejemplo, no le ha permitido a dos Ministros de Justicia (Carlos Medellín, Yesid Reyes) hijos de magistrados que murieron en el Palacio de Justicia, aclarar la verdad histórica de lo allí sucedido.

¿Invocamos al Congreso de la República? Parece que sí por ahora, aunque cueste creer que la institución pública más desacreditada saque adelante acuerdos de paz legítimos; y digo por ahora, porque en el corto futuro un nuevo Congreso podría echar no los acuerdos a la basura, pero si las leyes que lo implementen, porque “lo que a pupitrazo se hizo a pupitrazo se deshace”, dijo un congresista del Centro Democrático.

¿Invocamos al Presidente Santos? Ya hizo su trabajo más importante: firmar el acuerdo en uso de sus facultades, pero no vale la pena invocarlo para lo que viene, porque está deslegitimado, no tiene fuerza política, un plebiscito o referendo que convoque lo pierde y nosotros lo perdemos con él; será la mermelada y no el presidente la que logre mayorías en el Congreso.

Invocamos a los dioses? Al católico y cristiano tan importante y decisivo en la victoria del No? No. A los dioses de los Arhuacos o los Emberas o los Nasa-Páez o los Tule o los Wayuu, dioses provincianos, dioses pacíficos, víctimas como sus pueblos del conflicto armado interno, la corrupción, la exclusión que protagonizamos los blancos? Quizás, sería bello invocar a las montañas, los ríos y los animales, dioses nativos, endógenos, para resolver esta guerra nuestra.

En definitiva, existe una peor crisis política y social, que aquella consistente en no poder confiar en la mayoría de ciudadanos, ni en las instituciones públicas, para superar una zozobra colectiva? De que nos sirve a los del Si respaldar un acuerdo que no parece legítimo para un poquito más de la mitad de los que votan, que siempre será insuficiente para los opositores más radicales que no lo implementarán cuando gobiernen? Alguien tiene dudas de que era cierto que el triunfo del No nos metió en una sin salida política? Alguien tiene dudas de que hoy por hoy el voto sirve y es efectivo para condenar por mayoría a pueblos y naciones a mantenerse en sus desgracias?

¿A quién invocamos entonces los del Sí?. Invocar a la paz y a nosotros mismos. No veo otra respuesta y no es poca cosa. La paz construida, la paz negociada aunque sea imperfecta es un valor inspirador que sirve para crear futuro; la paz es una conquista civilizatoria si se le compara con lo que dejan las masacres, las muertes violentas, la exclusión de los diferentes.

Invocar la paz y no la muerte, e invocarnos a nosotros mismos, a los constructores de paz de la sociedad civil, de las empresas, de las instituciones públicas; invocar la dignidad de las víctimas, la voluntad de los guerreros y excombatientes que quieren renunciar a la guerra; invocar a los pacíficos, a los demócratas, a las hinchadas de fútbol que se la jugaron por el sí, a los medios de comunicación favorables a los acuerdos, a los políticos que han apoyado la paz, a los partidos políticos que se la han jugado respaldando los acuerdos, a los campesinos y pueblos rurales indígenas, negros y campesinos, a los católicos que creen en el perdón y el amor entre hermanos, a las mujeres que no quieren parir hijos para la guerra y a los jóvenes que no se quieren ir para el ejército.

A todos los que quieran superar esta guerra sin más guerra. Invocar una Confluencia para la paz y trabajar porque funcione.

Por: Nelson Enrique Restrepo Ramírez