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Colombia no necesita un nuevo partido político. Con los que hay es suficiente, no requerimos una razón adicional para dividirnos, porque “los partidos parten”.

Colombia requiere una confluencia de partidos políticos, grupos significativos de ciudadanos, movimientos sociales, con agendas políticas compartidas, con liderazgo político, reserva moral y ética puesta a prueba en el ejercicio de gobierno; una confluencia que dirija la transición del conflicto armado interno a la paz, del miedo a la esperanza, de la exclusión política a la democracia, de la corrupción a la decencia. Si Fajardo pretende liderar este asunto, tendrá que aprender a sumar.

Siempre me he opuesto a que Compromiso Ciudadano sea un nuevo partido político; en su lugar he propuesto que actúe con la ASI y el Partido Verde, como lo ha hecho en el pasado. En los tiempos de hoy, podrían ser una confluencia en la que quedemos sumados los que en varias ocasiones nos hemos sentido parte de estos partidos y grupo de ciudadanos, una confluencia a la que para nombrarla uno extienda los brazos y grite emocionado: ASI de Verde es el Compromiso con Colombia. Una nueva ola que sume y emocione.

Los que creemos que los recursos públicos son sagrados, que los gobernantes y sus formas de gobierno tienen que ser decentes, éticas, responsables. Los que creemos que el Estado debe ser laico, que se le deben respetar los derechos a los sexualmente diversos; que los gobiernos deben promover la equidad entre los géneros.

Los que creemos que la educación es la principal herramienta para transformar a una sociedad; que la ilegalidad y la corrupción son nuestros principales males públicos y privados. Quienes nos hemos dedicado por años a construir la paz y enfatizamos que es urgente generar condiciones políticas, económicas e institucionales para superar la desigualdad, la inequidad y los desequilibrios territoriales.

Quienes pensamos que nuestra inserción en la economía global no puede sacrificar nuestro patrimonio ambiental. En fin, quienes compartimos estas aspiraciones, esta agenda política, no podemos seguir dividiendo nuestros votos en tres o más partidos, no queremos seguir votando por principios a sabiendas de que perderemos las elecciones, no queremos recoger más firmas para que lobos solitarios lleguen al ejecutivo.

Este grupo de colombianos requerimos de una confluencia para ganar por primera vez las lecciones nacionales en 2018, y apostar juntos por las elecciones regionales, locales en 2019.

Fajardo ha usado los partidos políticos (ASI, Verde) para llegar al poder y los ha despreciado mientras gobierna; tiene razones de sobra para comportarse de esa manera. No le gusta los partidos políticos, huye de sus dinámicas internas, liderazgos tradicionales, redes de clientelas; no transa con ellos, ni acuerda nada, confían en el poder de sus propuestas y formas de gobierno, no acepta coaliciones políticas para gobernar; no hace acuerdos políticos porque le preocupa quedar preso en una institucionalidad desprestigiada; teme que allí le “pongan precio”. Su buena imagen se sostiene en sus resultados de gestión y en su independencia política.

Y por comportarse de esa forma, no suma ni cultiva políticamente, no estimula la organización política.

Pero este matemático puede aprender a sumar, tendrán que hacerlo para ganar las elecciones presidenciales. Le toca arriesgar, gastarse parte de su capital político liderando una alianza, una confluencia, y al hacerlo demostrarle a los colombianos que tiene capacidades para la construcción colectiva, que tiene el liderazgo la capacidad técnica, ética y moral para gobernar con una agenda de transición y transformación.

Le tocará poner a prueba su liderazgo, incluso arriesgar sus  votos Uribistas, porque en el escenario de la campaña presidencial, más temprano que tarde, será Uribe contra el resto. Fajardo debe demostrar que es capaz de cohesionar al resto con agenda, propuestas, demostrando que puede esquivar a toda costa los acuerdos entre políticos donde se cuece la corrupción que apoya y  luego cobra en puestos y en contratos, demostrar que como se hace la campaña se gobierna: con decencia, transparencia y acuerdos públicos.

El camino que está preparando Claudia López al proponer una alianza liderada por ella desde la Alianza Verde, con sectores del Polo liderados por Jorge Robledo, con Fajardo de Compromiso Ciudadano, -ojalá con Humberto de La Calle y Antanas Mockus que tanto nos inspiran-, es un escenario en el que Sergio Fajardo se puede jugar su liderazgo.

Esta alianza con una agenda política que ponga al centro la reconciliación, la implementación de los acuerdos de paz, la lucha contra los corruptos, y la educación como la estrategia para transformar la sociedad, es una alianza y una agenda potente. En este escenario, Fajardo puede demostrar que el que estudia aprende y que en política un matemático puede aprender a sumar.

Opinión: Nelson Enrique Restrepo Ramírez

* Las opiniones expresadas por los columnistas NO reflejan la línea editorial del periódico INFORIENTE