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Los montañeros tenemos vida, comunidad, cultura, derechos construidos y adquiridos en las montañas que hemos habitado, y queremos ejercer con toda la dignidad y la fuerza el ejercicio ciudadano, responsable, ético, sustentable de defender esta tierra que nos soporta.

Esta generación de montañeros, tan consciente como nuestros hermanos ancestrales, tenemos todo el derecho y la legitimidad para asumir la defensa de nuestras montañas y heredar al futuro la responsabilidad de cuidarlas. Lo hacemos confiados, convencidos incluso, de que las generaciones futuras tampoco aceptarán que a nuestro patrimonio natural lo vuelvan escombros y chatarra.

Nuestra América del sur ya fue lo suficientemente saqueada. Nuestra Colombia ya fue lo suficientemente extraída. Ya aportamos la cuota de riqueza metálica a la economía global, con nuestro oro se soportó la revolución industrial de los países del norte que devino en el capitalismo global que nos gobierna. Ahora estamos dispuestos a cuidar nuestra naturaleza para que la vida del planeta se preserve, ese será nuestro aporte, nuestra herencia. Nos negamos a heredar un tierrero tóxico.

El argumento de las afectaciones a la economía global, nacional, regional, local, no nos convence y la verdad queremos tomarlas en cuenta para argumentar a favor de la preservación de estas montañas y no de la economía. No estamos lejos de que la sociedad en su conjunto valore más las pérdidas irremediables de la naturaleza, sobre las pérdidas económicas. Algún día cercano será una buena noticia que la economía esté mal porque la naturaleza está protegida de quienes la explotan con propósitos de enriquecimiento.

Nuestras montañas (con sus ríos, animales, plantas y personas dentro), están solicitadas en concesión en su mayoría por multinacionales que requieren nuestras riquezas minerales para producir artefactos tecnológicos programados, planeados, previstos para que sean chatarra en el corto plazo. Obsolescencia programada le llaman hoy día.

Las industrias se esmeran en crear necesidades nuevas y un artefacto que las atienda, a eso le llaman innovación; necesitan que los consumidores compremos sus productos cada vez en menos tiempo, les interesa vendernos productos nuevos año a año, los mismos que serán chatarra y basura en poquísimo tiempo. Nos negamos patrocinar esta irresponsabilidad.

El cobre y el molibdeno que la AngloGold Ashanti pretende extraer de Jericó y Támesis, lo requiere con urgencia la industria global para producir chatarra programada, tecnología de punta que será basura en cuestión de días. Cables de cobre para autos (a razón de 15 kilos por auto pequeño), para circuitos integrados en equipos informáticos y de telecomunicaciones, sistemas de calefacción, motores y bobinas.

Molibdeno para hacer más fuerte al acero usado para los mismos autos, aunque no de mucha durabilidad. 1,2 billones de autos había en circulación en el planeta en 2015, crecieron un 70% si se les compara con el 2004, en 2022 esta cifra se habrá duplicado y los autos anteriores serán obsoletos.  353.3 millones de smartphones han vendido las cinco marcas más importantes en lo que va corrido de 2017, en el 2018 serán obsoletos para poder vender una cifra más alta, con mayor tecnología, que incluso usará más oro en las conexiones de sus circuitos.

Es interesante la decisión de algunas sociedades de hacer responsables a las empresas por las basuras que generan: los que producen llantas y neumáticos, tienen que hacerse responsables, recogerlos y ver que hacen con ellos; los que producen equipos de cómputo tienen que recibir en chatarra la tecnología de punta ya obsoleta que sacaron de sus fábricas; los que producen autos también.

La sociedad global tarde que temprano tendrá que avanzar en esa dirección, que los países industrializados resuelvan que van a hacer con sus montañas de chatarra, mientras nosotros nos dedicamos a cuidar las montañas de biodiversidad que tenemos. Gustoso pagaría el envío de mi viejo televisor a China.

¿Es más caro reciclar cobre y molibdeno de las chatarras globales que moler montañas en el suroeste? No sé, supongamos que sí, incluso que sea el doble, y tengamos presente que el cobre es el metal que mejor se recicla. Eso es lo que debería suceder sin importar los costos económicos, las empresas en forma responsable y reparadora, deberían dedicar al menos la mitad de sus ganancias acumuladas a este reciclaje, para que el costo de hacerlo no lo pague el consumidor.

Es necesario que las industrias se dediquen a reciclar la chatarra que han producido y hacer de ella algo útil para la sociedad global (resolver la movilidad, la conectividad, la basura generada) y que dejen en paz nuestras montañas biodiversas. ¿La demanda de cobre es superior a la disponible en la chatarra existente hasta hoy, incluyendo las monedas y las campanas? Supongamos que sí y que la sociedad la requiere.

En ese caso, que busquen esos metales en desiertos y zonas áridas, y que dejen nuestras montañas para lo último y que en todo caso nos permitan a los montañeros decidir si lo permitimos. En ese momento estaremos más convencidos para decir que preferimos vivir sin chatarra a vivir sin la montaña.

Por: Nelson Enrique Restrepo Ramírez