reconciliación en nariño

Un botón con este mensaje, y la imagen de manos que se apoyan, aparecía en las solapas de mujeres y hombres que participaron en Nariño y Argelia en las Jornadas de Perdón y Reconciliación que se realizaron el sábado 30 de septiembre y domingo 1 de octubre en estos municipios.

Una misa, un acto simbólico en al atrio y un conversatorio con las víctimas de desaparición forzada fue la programación en Argelia. Las víctimas tenían en su mano una ‘bomba’ inflada, que no tomaría altura porque no pudieron conseguir inflarlas con helio; entonces, después de lanzarlas al aire, las retomaron y las ‘estallaron’ simbolizando la renuncia al odio y la venganza, mientras una paloma blanca alzaba su vuelo simbolizando el proceso de paz en Colombia.

El Padre Leonel Narváez, fundador de las Escuelas de Perdón y Reconciliación, oriundo de Argelia, que regresaba a su pueblo después de más de 30 años, fue quien, en la misa, en el parque y en el conversatorio repitió hasta la insistencia el mensaje del perdón como la única posibilidad de sanación para las víctimas. Salud física y emocional.

Historia de perdón

El testimonio del Padre Leonel fue reforzado en la iglesia por el de Lolita, una de las Madres de La Candelaria, grupo que han conseguido ya la entrega de 113 cuerpos de personas desaparecidas, acudiendo a hablar en las cárceles con los responsables de las desapariciones.

Lolita contó cómo había sufrido diferentes quebrantos de salud, agobiada por el dolor y la rabia ante la desaparición de 10 de sus familiares. Quiso atentar contra su vida preparando un almuerzo con matarratas que pensaba dar primero a sus pequeños hijos para tener la seguridad de que no quedarían vivos y desprotegidos.

“Dios -dice ella- me cambió la vida”. Se encontró con otra mujer que la invitó al grupo de las Madres de La Candelaria. Después de padecer audiencias públicas de Justicia y Paz, en las cuales las víctimas salían con mayor dolor y rabia, decidieron buscar un cara a cara, en las cárceles, con los responsables de las desapariciones.

Lolita sintió que su vida cambiaba al descubrir el rostro humano y las historias de sus victimarios. Terminó por ‘adoptar‘ a tres excombatientes del paramilitarismo a los que hoy da el nombre de sus hijos desaparecidos. Lolita dice sentirse hoy de buena salud y emocionalmente recuperada y estimulada al sentir cómo su testimonio resulta también sanador y estimulante para otras víctimas a quienes invita al perdón. Invita a no hablar de víctimas y victimarios, porque ha descubierto que ambas partes son ‘sobrevivientes’ de la guerra, con un futuro por construir. Sí, “el perdón no cambia el pasado, pero sí el futuro”.

El Presbítero Leonel, a su vez, propone cambiar el nombre de víctimas por el de ‘victoriosos’. Es un llamado, pues, a ser ‘sobrevivientes victoriosos’ de una guerra a la que decimos: NUNCA MÁS.

El acto de Nariño

En Nariño fue primero el conversatorio con las víctimas, luego la misa y luego una siembra de flores y de ‘árboles de la paz’ en el parque, frente al templo. El Alcalde de este municipio descartó las posibilidades del olvido, pero reconoció el perdón como la única salida, acompañado de una actitud proactiva de reconstrucción, nacida en las comunidades. Reclamando reparación integral del Estado, pero sin sentarse a esperar a que nos vengan a salvar desde afuera.

Varias víctimas tomaron la palabra para expresar sus sentimientos y su actitud ante un posible encuentro con los responsables de su victimización. El Padre Leonel habló de la infancia golpeada por personas con las que ha tenido contacto: Karina y Tirofijo.

El Padre fue misionero en El Caguán y estuvo cerca del proceso con las FARC; pero además vivió en Génova, el pueblo natal del comandante guerrillero con quien compartía el 13 de mayo como día de cumpleaños. Su mensaje es que detrás del guerrero está también el ser humano que solicita y espera el perdón de Dios y de sus víctimas en una guerra que, en su momento, también los victimizó a ellos.

Una propuesta quedó de estos encuentros. Buscar que el Procurador General de la Nación llegue a un encuentro regional de víctimas en la zona Páramo, donde se construye la Provincia de la Paz, y solicitar que se priorice esta zona en la garantía de todos derechos a todas las víctimas, privilegiando la búsqueda, identificación y entrega digna de restos o cierre digno del proceso para las personas sobrevivientes.

En efecto, estos eventos ocurrieron en el contexto de un proceso de “Apoyo comunitario a la búsqueda de desaparecidos y a la reconciliación”, liderado por la Asociación de Mujeres del Oriente AMOR y adelantado en cada municipio por un Comité de Reconciliación en el que participaron Personeros, Enlaces de Víctimas, representantes de organizaciones de víctimas y algunos funcionarios.

“El pasado no lo puede cambiar de Dios”, dice Lederach. Y “sin perdón y reconciliación no hay futuro”, afirma el arzobispo Desmond Tutu, líder de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación  de Sudáfrica.

 

Por: Benjamín Cardona  

*Las opiniones aquí expresadas son responsabilidad de sus autores, y no reflejan la posición informativa de Inforiente