Mujeres

“El acoso persiste porque los perpetradores nunca enfrentan ninguna consecuencia”, escribieron artistas y escritoras en Estados Unidos, como Meryl Streep y 300 más que llaman a asistir a la entrega de los Globos de Oro, este comienzo de año, vestidas de negro.

Reclaman seguridad y respeto para ellas, señalando a personajes de la vida norteamericana, pero también lo reclaman “para cada mujer trabajadora en la agricultura que ha tenido que rechazar avances sexuales no deseados de su jefe, cada mucama que ha tratado de escapar de un huésped agresivo (…) Estamos con ustedes. Nosotras las apoyamos”.

“El patriarcado se acabó”, decían hace años las feministas italianas indicando que cuando una mujer se empodera termina la posibilidad de dominación de los varones sobre ella. “Pasó el tiempo”, dicen ahora en los Estados Unidos, señalando con su dedo acusador aún a Presidentes como Clinton o Trump, y a poderosos congresistas. ¡TIME’S UP!

Desde Ucrania, el movimiento Femen se va expresando también en Europa con la idea de que “si quieren mirar mis tetas, deben mirar también mis consignas”. Ahora en Navidad, en la Plaza de San Pedro en Roma, una mujer con el torso desnudo arrebató el Niño del pesebre, mientras llevaba escrita en su espalda la frase: ¡Dios es mujer!

El 2017 fue también en Colombia un año en el que las mujeres fueron protagonistas. La violación, tortura y asesinato de la niña indígena Yuliana Samboní por parte de un profesional bogotano, desató la ola de indignación que se expresa en demanda de justicia. Y también de visibilización y de conciencia sobre la violencia patriarcal que genera centenares de feminicidios cada año y de múltiples expresiones de violencia de género contra niñas y adultas.

En el Congreso de la República fracasó un intento de la bancada de mujeres que quiso incrementar la representación de las mujeres en la rama legislativa, llevando al 40% la representación femenina para 2022 y al 50% para 2026. Si bien su propuesta dobló en votos a los que dijeron NO, sin embargo, no consiguieron el umbral requerido. Otros congresistas utilizaron la misma estrategia dilatoria que hundió las circunscripciones de paz para las víctimas. “Si una democracia descuida la participación de las mujeres, si ignora sus voces, si evita la responsabilidad ante los derechos de las mujeres, es una democracia sólo para la mitad de la población”, ha dicho Michelle Bachelet, desde ONUMujer. Y citaba a Susan B. Anthony: “Nunca habrá una igualdad plena hasta que las propias mujeres ayuden a hacer las leyes y a elegir a los que las hacen”. Es un asunto de democracia, que también es de género.

En los Acuerdos de Paz, una Comisión de Género revisó la redacción de los textos y de los contenidos desde un enfoque de equidad, proponiendo “medidas que contribuyen a garantizar una representación equilibrada de hombres y mujeres en la conformación de todas las instancias a que se refiere el Acuerdo”.  Como ha ocurrido en general, la implementación es lenta y desigual, pero puede destacarse la composición del Tribunal de la Jurisdicción Especial para la Paz, y la Comisión de la Verdad, entre otras. El porcentaje de mujeres supera o se acerca al 50%.

Y el año terminó con la polémica generada por la tutela que obligó al Alcalde Peñalosa a modificar su consigna de gobierno, ahora “Bogotá para todos y todas”. Saltaron los políticos, los académicos, los columnistas, las feministas.  “Las lenguas naturales no son machistas ni feministas”, escribió Héctor Abad FacioLince. Los periodistas alegan razones gramaticales, escudados en la Academia de la Lengua. El asunto no es de gramática, las lenguas son vivas y van expresando nuevas realidades, responden las feministas. Han expresado la exclusión y pueden dejar de ser solo una expresión del dominio patriarcal.

La última polémica la generó Antonio Caballero, reaccionando frente a las denuncias de las mujeres que señalan el acoso sexual de figuras de cine y de la política en Estados Unidos. Consideró que no había que confundir la violencia  expresada en violaciones, feminicidios, con otras expresiones de la violencia de género. “Dieciséis mujeres, y ya deben ser más, están acusando a Donald Trump de abusos sexuales porque alguna vez les tocó el culo o les pellizcó una teta: grosería, sí, pero no hay que confundir la vulgaridad con el abuso sexual, que es una cosa grave”.

Desde el feminismo le contestan que en todas las expresiones de la violencia de género hay una base común: “la apropiación de la mujer por parte del hombre, con lo cual queda en evidencia también una clara jerarquía de género”, escribió Myriam Jimeno, en Razón Pública. No se trata de reducir la violencia ‘a sus justas proporciones’.

Se trata de “acabar con el machismo”, dice Florence Thomas. Es el propósito del feminismo. Gracias a las luchas feministas de los últimos 60 años “tu hija (es) sujeta de derecho (…) puede votar, decidir si quiere ser madre o no, decidir sobre su cuerpo sin ser manoseada o abusada, interrumpir su embarazo legalmente si ella lo decide, entre muchos otros derechos”.

Caballero propone una convivencia respetuosa entre feminismo y machismo, como propuestas alternativas. Y Thomas les responde: “insinúas que el machismo tendría algún valor para la vida de la humanidad. ¿Qué es el machismo? Es un techo de cristal en la vida laboral de las mujeres. Es una aún enorme brecha salarial entre hombres y mujeres. Es 6.400 niñas de menos de 14 años madres en este país. Es miles de mujeres violadas al año. Es una miserable proporción de mujeres en el Congreso (…) El machismo tiene en su larga, demasiado larga historia, miles de víctimas. En cambio, el feminismo no tiene ni un muerto porque sus herramientas siempre fueron la palabra”.

Estas son algunas razones por las cuales se habla del 2017 como el año de “la revolución de las mujeres”.

Por: Benjamín Cardona Arango 

Foto: Blog Oficial de FEMEN