Cuando las tasa de interés en Estados Unidos bajaron del 6.5% a 1%, hizo que el dinero se volviera barato y permitió que quienes querían comprar vivienda, para aprovechar el “boom” de la construcción, lo pudieran hacer a menores costos financieros que antes. Esto provocó un aumento en la demanda de créditos hipotecarios, pero hubo quienes no podían acceder a ellos por su condición económica: sin ingresos, desempleados, sin prendas de garantías que respaldaran el crédito, entre otros.
Ante esta situación, el presidente de la Reserva Federal hasta 2006, Alan Greenspan, recomendó algunos cambios legislativos con el propósito de prestarles a estas personas, sabiendo de antemano, que tenían alta probabilidad de impago. Tal vez se le olvidó al señor Greenspan, que la única posibilidad para que una persona pague sus créditos es cuando sus ingresos aumentan por encima de la tasa de interés, y en este caso, mucho ni tenían ingresos. El asuntó se agravó, cuando las tasas de interés subieron.
Greenspan promovió una serie de contratos financieros muy exóticos y creyó ciegamente en que los mercados eran capaces de funcionar sin regulación, supervisión y vigilancia. Esto lo llevó a decir en su libro “La era de las turbulencias” que “el fracaso del mercado es una rara excepción” y que “la vigilancia del sector público ya no está a la altura de la tarea”.
Por lo tanto, el sistema financiero norteamericano empezó a funcionar en una extraña complejidad y sin ningún tipo de controles. Esto le permitió a los bancos vender sus créditos a otros bancos y recuperar la liquidez perdida, pero sabían que habían vendido títulos “basura” a inversionistas de todo el mundo que llegaron entusiastas.
Esta falta de controles también permitió que el Presidente Ejecutivo del Banco Lehman Brothers autorizara pagos por 20 millones de dólares a 3 ejecutivos, incluido él, justo cuatro días antes de la quiebra (15 de septiembre de 2008).
También esta falta de controles, no deja ver con claridad por qué razón el Banco de Inversión Goldman Sachs, que era competidor de Merryll Lynch, no sólo adquirió a éste último, sino que fue el único banco sobreviviente de este “tsunami financiero” y se convirtió en el cuarto holding más grande de Estados Unidos. Quedan serias dudas sobre estas operaciones, cuando el actual secretario del Tesoro -Henry Paulson- trabajó por 32 años en Goldman Sachs y aún tiene inversiones en el banco.
Tras conocerse estos actos irresponsables de altos funcionarios públicos y privados, y tras estar avanzando la crisis a niveles insospechados, hoy el mundo ya no ve como “gurú” al señor Greenspan, porque le reconoce su responsabilidad en la crisis, junto con todos quienes le creyeron sus fantásticas formas de distribuir el riesgo. Ellos provocaron este “tsunami bancario”, lo que demuestra el fracaso financiero gringo; que además, fue llevado como enseñanza a las universidades. Habrá que dudar de todos los especialistas financieros que lleguen de la USA, máxime, cuando el pasado viernes el “gurú”, el señor Greenspan, en una entrevista exclusiva, dijo que se equivocó.
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